Las fachadas necesarias de Bernard Tschumi

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¿Pueden los iconos pasar de ignorar a responder al entorno? El arquitecto francosuizo Bernard Tschumi ha defendido ideas muy diversas desde los edificios que ha construido. De fachadas fracturadas (Pabellones del parque de La Viellette de París, 1982-98) o sinuosas (Sala de Conciertos de Rouen, 1998-2001) pasó a idear cerramientos cartesianamente rígidos (Museo de la Acrópolis de Atenas, 2001-09). En esa línea amplia y propositiva, y en medio de esa trayectoria inquieta de prueba-error, su propuesta ganadora para levantar un nuevo centro cultural en la costa adriática italiana supone un paso más. El proyectista atribuye las fachadas del futuro Centro Cultural ANIMA a su voluntad de volverlas a hacer necesarias para algo más que dar la cara  por el edificio.

Así, Tschumi habla de los cinco rostros necesarios (la quinta fachada es la cubierta) de este centro ANIMA (Arte, Naturaleza, Ideas, Música y Acción) que la Caja de ahorros de la ciudad de Ascoli Piceno (Le Marche) que lo finanza ha bautizado como un “centro de cultura productiva”. ¿A qué se refiere Tschumi cuando habla de necesidad y declara sobrepasada la época icónica de la arquitectura en la presentación de su inmueble más expresivo?

A la vez que el arquitecto reconoce la necesidad de la caja de ahorros de identificar su apuesta con una marca arquitectónica, él asegura querer volver a los postulados de la época pre-renacentista, cuando las fachadas no eran una mera composición formal (para cerrar el edificio) sino que eran, simplemente, el resultado lógico de la construcción del inmueble. Así, con estructura de hormigón, su nuevo centro cultural es un cubo deformado por sus caras -que encierra una caja-auditorio rotada rodeada de patios que cruzan varios puentes en diversas alturas- y que lleva ese material hasta unas fachadas texturadas y mucho más expresivas que cualquier otro edificio anterior de este arquitecto. Él atribuye esa expresión a la necesidad de que cada faz del edificio reaccione a las condiciones de su entorno directo y, también, a la necesidad de fortalecer un edificio levantado en zona sísmica.Más allá de las veladas referencias al arte povera –que el proyectista relaciona con Fazzini, uno de los artistas de Grottammare, la localidad entre Bari y Rimini donde se levantará su proyecto-, y más allá de la precaución para prevenir destrozos causados por los terremotos desde la solidez de su inmueble, Tschumi aborda un tema interesante: ¿Pueden los iconos pasar de ignorar a responder al entorno? Él asegura que, en su proyecto, cada fachada responde individualmente a su exposición distinta al sol, viento, tráfico y accesibilidad. ¿Trata de justificar la nueva expresividad de un edificio que llega con la voluntad de ser oportuno y anti-icónico pero que, sin embargo participa de lleno de la moda de buscar una expresión más táctil que visual en su fachada? ¿O busca racionalizar la expresión arquitectónica desde un inmueble más orgánico?

El imponente museo de la Acrópolis, levantado en Atenas hace un lustro, recibió serias críticas por la dureza de la intervención. ¿Supone esta nueva propuesta de Tschumi una corrección? ¿Una evolución? ¿O simplemente una anexión a la moda de seguir haciendo lo que dictan las tendencias justificándolo, eso sí, desde la necesidad?

Publicado en El País por : Anatxu Zabalbeascoa | 24 de marzo de 2014

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